¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
¡SOY MUY FELIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIZ!
Al ver a Erizo casi se me sale el corazón por el pecho. Resulta curioso lo poco que me temblaron las piernas cuando fui a abrazarle (una vez abrazados podían temblarme todo lo que quisieran, Erizo me sujetaba). Estuvimos un buen rato abrazados, y el primer beso que nos dimos fue como una gota de miel en la punta de la lengua: una exquisitez y un placer tal que hasta el peor villano puede sucumbir (ejem).
Fuimos a pasearnos por el parque. Hablábamos de todo lo que no hemos podido hablar en un mes, escruté cada detalle de su cara, sin perderme ningún rizo, ninguna pestaña, ningún lunar (especialmente me fijé en el enano que tiene en el labio: para morirse). Nos sentamos en el banco en el que durante el primer verano grabamos con mis llaves de casa dos letras, nos reímos, nos sonreímos e hicimos de cada segundo el más perfecto.
Después fuimos a que se cortara el pelo, y debo decir que ahora está más guapo porque se le ven mejor los ojos. Hasta descubrió que tiene frente (después de una eternidad oculta entre los rizos).
Erizo es la clase de persona a la que se lo puedo contar todo y que sé que me escuchará y dará su opinión, normalmente similar a la mía (no es cosa de la supuesta manipulación que realicé en su mente, es que es así y así ha sido desde siempre). Además, tiene unos labios de infarto y los ojos más bonitos del mundo, tan grandes y tan profundos que parece que te puedas asomar por la barandilla de sus pestañas.
Estoy enamoraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaadaaaaaaaaaaaaaaaaaa...
Sí, sí, sí, soy una cursi, lo sé. Dejadme en paz.
Lo mejor de todo es que hoy volveré a verle. Al fin disfruto plenamente del verano.
Adiós, adiós, adiós. Adiós.
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