He vuelto a soñar con El Héroe. Esta vez nada de abrazos. Sólo eran escritos. Empezaba con una carta mía pegada a una pared explicando más o menos lo de la última entrada. Y él me contestaba diciendo que lo comprendía. Después había una fotografía de los dos con una caja de pizza, o un dibujo, apenas me acuerdo.
Eso no es lo importante. Lo curioso es que, con el tiempo, ya no lloro en esos malditos sueños en los que se me aparece, y que esta vez no pedía perdón.
Ha sido muy curioso. Pero quizás la culpabilidad ha durado tanto tiempo porque la cosa fue de un día para otro con alguien que apreciaba de veras, pero ya me amargué bastante, y no pienso desperdiciar ni un minuto más de mi valioso tiempo comiéndome el tarro y dándole vueltas a lo mismo (¡JAJAJAJA, no me lo creo ni yo! Sale inconscientemente). El caso es que A TOMAR POR CULO. Bien claro y bien grande. Nunca volverá a ser lo de fue, porque ni yo ni él vamos a confiar el uno en el otro ni de coña, entre otras cosas. Y lo cierto es que, en el hipotético caso de que él sí que confiara en mí, yo no lo haría. Por el rencor y estas cosas. Y porque nunca volverá a ser como antes. Borrón y cuenta nueva. Voy a dedicarme, al fin, a pensar en mí y en el viento. Lo hecho, hecho está, pertenece al pasado y tal. Pues eso.
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