sábado, 4 de agosto de 2012
Sábado, 04 de agosto del 2012
HE VUELTO A SOÑAR CON EL HÉROE.
Esta vez el abrazo ocurría en la ciudad donde vivo.
Ya van cuatro veces. Es, como mínimo, inquietante. ¿Por qué sueño esto y no, no sé, que corro por un campo de margaritas, que comparto un helado con Erizo, que le tiro una tarta a la cara a Palmera o que, al fin, me hago con el poder del mundo? ¿Qué le pasa a mi subconsciente? A veces, en sueños, me regala pedacitos de cosas que he perdido. Igual es por eso... Aunque tampoco quiero imaginarme el resto de mi existencia sin uno de sus abrazos, por favor. Eran tan reconfortantes... Simplemente, no podría.
¿Qué dice esto de mí? Es como mirarme las manos y verlas llenas de sangre (como el señor Dorian Gray) o, en su defecto, de agua/té/tinta. Como si fuera lo que queda de un pasado reventado, vestigios de días alegres con alguien a quien has llegado a querer mucho. No es indispensable para mi vida, pero una vez sabes lo que es tenerle, poder confiar en él, es difícil pasar el tiempo sin acordarte de él. Pienso en El Héroe más de lo que me gustaría. Sigo sintiéndolo, pero la culpabilidad va manchada de venganza, sarcasmo y cejas enarcadas, porque él tampoco esta exento de culpa. ¿Por qué no puedo sacármelo de la cabeza? Y, para colmo, esos sueños reiterados sobre una reconciliación y un abrazo de aquellos que me hacen falta y que echo de menos.
Bueno, si es cierto que nunca volverá a ser lo mismo, me queda el consuelo de mis sueños. Quizás es eso, mi subconsciente me da lo que necesito... Desde hace más de medio año.
Y ahora voy a distraerme hablando con Chismosa y Erizo (¡hoy hacemos 27 meses! Es muy especial...).
Au revoir.
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