miércoles, 17 de octubre de 2012

Miércoles, 17 de octubre del 2012

No sé qué me pasa. Llevo así tantos días...

O sí lo sé.

Sí que lo sé. Lo he sabido todo el tiempo. Lo llevo sabiendo desde hace once meses, y no dejo de darle vueltas, ocupa gran parte de mi tiempo y sólo hace que me hunda y que las lágrimas acudan a mis ojos con una facilidad enorme...

¿Qué es? ¿Tengo miedo de perder? ¿El qué? ¿Es que queda algo que pueda recuperar, algo que pueda volver? Lo más probable es que no. ¿Qué quiero hacer? Ponerle punto final a esta historia, que tan sólo me trae quebraderos de cabeza. Pero no sé cómo hacerlo. Quiero escapar del laberinto de mi mente, y no hay manera de que encuentre una salida entre los caminos de tierra.

Siento que no puedo hablar con nadie de esto, al menos, no con profundidad. Nadie comprende lo importante que es para mí. Noto que, cada vez que, por algún motivo, el tema despunta un poco, todos se afanan para enterrarlo y enterrarme. Las evasivas me amordazan y hacen que caiga un poco más abajo, y, poco a poco, ya llevo un buen trecho. Nadie quiere escucharme hablar de esto, nadie quiere escuchar los problemas mientras salgan de mi boca y me afecten sólo a mí. De todos modos, tampoco iban a prestarme atención, porque, total, ¿para qué? Por algo escribo en este blog. Tengo la esperanza de que algún día alguien me comprenda y me tienda la mano, y me deje explicarme, y llorar, y ser yo, y expresarme, y que pueda hacer lo que no he hecho con nadie. Sólo quiero ser yo misma, sólo quiero ser feliz. Necesito un hombro sobre el que apoyar mi maltrecha alma, alguien que me tienda un pañuelo, sus oídos y sus palabras cada vez que mi vista se vuelva translúcida a causa de las lágrimas. Una vez hubo ese alguien. Una. Y ahora estoy en un mar de niebla, y no parece que nadie quiera ayudarme a salir de la bruma. Y, mientras tanto, callo, y contengo, y no digo nada, y frunzo el ceño, y aprieto los labios, y recibo las críticas, y aguanto todo lo que se me venga encima... Porque si yo no lo hago, nadie lo hará.

¿Es que tiene que llover mucho? ¿Se me tienen que embarrar los zapatos mil veces antes de que todo lleve a algún sitio? No quiero saberlo. Lo más seguro es que sólo yo pueda cambiarlo, y no sé ni por dónde empezar, ni qué decir, ni cómo responder.

El Héroe... Quizás algún día nos encontremos de nuevo.


2 comentarios:

  1. Querida Mala,

    a pesar de tu nota aclaratoria es evidente que algo arde en tu interior, algo relacionado con Héroe. Permíteme que te dé un consejo: seguramente Héroe es el chico malo y carismático, y Erizo el chico bueno y dulce. No cambies nunca a Erizo por Héroe, porque sería un error que lamentarías para el resto de tu vida. Te lo dice alguien que ya ha cometido ese error. Por desgracia, la vida no dispone de una tecla de rewind, y nunca existen segundas oportunidades o segundas partes buenas. Así que mira hacia delante, y que Héroe quede atrás (o que se vaya a tomar por culo, como gustes).

    Un saludo de una lectora asidua.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada Anónima:

      Puedo prometerte que lo que sea que yo sienta por El Héroe es de todo menos amor. Tampoco cambiaría a Erizo por nada del mundo, de hecho, por estar con él empezó la historia. Y qué más me gustaría que esto se arreglara/quedara atrás (o que se fuera a tomar por culo), pero no soy capaz, porque no sé ni por dónde empezar.

      Muchas gracias por tu comentario, y por leerme, realmente me hace feliz.

      Un saludo :)

      Eliminar