Día asqueroso donde los haya.
Te sitúo: penúltima hora, clase de matemáticas, corrección de ejercicios. Había un problema que CLARAMENTE no he sabido interpretar. Hablaba sobre los lados de un triángulo, y si le restabas la misma cantidad a todos, te daba un triángulo rectángulo. Pues mi pregunta era por qué no podía ser un triángulo rectángulo desde el principio, porque era como yo lo veía. No sé qué es lo que habré hecho, pero va la profesora y me suelta:
-Y tú dices que lees bien, cuando luego no entiendes lo que has leído-(o algo por el estilo). Creo que mi cara ya ha dejado bastante claro lo que pensaba mientras toda la clase ululaba por la pulla. Tenía mil contestaciones que me venían a la lengua, véase "Tú no eres la que evalúa mi comprensión lectora", "Va y resulta que quien me puntúa por ello no piensa lo mismo" o "No estás siendo justa. No es mi culpa que tengas una hora de viaje desde tu casa aquí y que sólo hayas venido para dar esta clase", "Vale, tranquila, no hace falta que me expliques nada más", etcétera. Pero había una vocecilla que gritaba "La Mala, cálmate. No puedes contestarle. Necesitas aprobar", y me he callado, pero creo que mi cara era un poema. No sé, yo no me he visto, pero menos mal. El caso es que después, al acabar la clase, me ha cogido por banda para disculparse, y yo deseaba chillarle un "Ah, ¿y por qué no me pides perdón también delante de toda la clase?". Porque hubiera sido lo justo. Me dejas en evidencia ante todos mis compañeros, así que ahora admite que no ha estado bien también delante de todos. Pero no, tampoco lo he dicho, y he estado enfurruñada durante un rato. Es que me da mucha rabia. También me ha venido con el rollo de que ralentizo la clase, y que no pasaría nada si lo hiciera sólo para preguntar mis dudas. ¿¡QUÉ ES LO QUE HAGO ENTONCES?! ¿Pregunto cómo se hace una tarta de fresa? ¿Le cuento que no puedo ponerme camisetas ni amarillas ni naranjas porque hacen que mi piel tenga color de muerta? No, jo***. Le pregunto las cosas que no comprendo sobre la materia. A todo esto, la única que se ha puesto "de mi parte" era Cereza, que le tiene tirria.
-Déjala, es imbécil. Tiene un mal día, ¿no ves que se me ha puesto como un bulldog cuando he llegado?
Y, a todo esto, sonriendo dulcemente (sibilina y venenosamente) pensando en escupirle todo lo que estaba pensando, pero callada, callada y hermética tras una máscara perfectamente falsa. Si me hubiera dado una patada, habríamos acabado antes. El resultado hubiera sido prácticamente el mismo.
En serio, no sé qué es lo que no hago bien, pero está claro que algo hay. Qué rabia. Afortunadamente, también estaba la voz de la profesora de castellano en mi mente: "Nunca hagas caso a quien te diga que no eres capaz de nada porque tú lo puedes todo. Puedes hacerlo todo, y llegar tan lejos como quieras". Puedo, puedo, puedo, puedo.
Mañana es el último día de clases. Y gracias, gracias al cielo por ello. No creo que pudiera aguantar en ese antro mucho más tiempo. Necesito desahogarme de alguna forma después de tantos altibajos, y ahora estoy hecha polvo. Tengo ganas de que llegue ese día de las vacaciones en el cual me voy a dormir totalmente desnuda, tapada con tres mantas. Después me levantaré y me daré un baño laaaaaaaaaaaaargo y con el agua tan caliente que me humee la piel. Desayunaré algo dulce y apetitoso (tarta de queso, tarta de manzana, helado de nata...), y me vestiré con la ropa que más me gusta. Pasearé, me sentaré en un banco helado a leer y volveré a casa, con mil ideas para escribir. Comeré mi plato favorito, holgazanearé un rato y después me pasaré media tarde en una librería, mirando con ojos brillantes los lomos de los libros. Escogeré uno, me enamoraré de esa historia y después volveré a casa a darle uso a la estilográfica. Cenaré algo que esté buenísimo y leeré mi nueva adquisición hasta que mis párpados empiecen a pesar, entonces volveré a dormir. Sí, un día en el que tan sólo esté yo. Mi mente y mi cuerpo. Mi alma y mis letras. Eso es lo que realmente me relajaría.
O un masaje con chocolate. También me gustaría.
Mañana, último día de clase... Y después la excursión al CosmoCaixa, y después las notas, y después la libertad, siempre y cuando creas que unos veinte días de familia, deberes y de perder de vista a tus amigos (y al resto de los trogloditas que conforman tu curso de ESO) es ser libre. Desgraciadamente, así lo siento yo.
Mañana, último día de clase Y ME TOCA GIMNASIA A PRIMERA HORA. Si es que soy un imán para los males de ojos y las desgracias. Estoy gafada, ya está visto. Por favor, sólo quiero descansar... Corretear por un campo infinito y verde como un conejillo de Pascua. Como éste:
Voy a dejar de escribir. Estoy demasiado cansada... De casi todo.
Buenas noches.

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