domingo, 19 de agosto de 2012

Domingo, 19 de agosto del 2012

Pues aquí estoy, en los Pirineos.

Vacaciones, al fin. Escapar de ese antro, de esa olla de grillos que es la enana (y muy poblada) ciudad en la que vivo. Frescura, color verde. Podría pasarme horas mirando la hendidura que hay en la montaña de enfrente. Es la pureza minimalista y, a la vez tan compleja, de la naturaleza en sí. Camino sobre las calles adoquinadas, tratando de no tropezar, evitando todas las arañas (ya he visto una) que puedo y, en fin, respirando aire limpio. El de ciudad es más denso, más espeso, huele peor... Este, en cambio, no se nota. Es aire limpio, aire puro. A veces pienso que me gustaría vivir aquí, pero no me gusta pasar frío, y como que a casi dos mil metros de altura el aire está fresquíbiris.

Echo muchísimo de menos a Erizo, y eso que hace sólo dos días que no le veo. Ojalá pudiera estar aquí con él... Echo de menos acariciarle las mejillas, las burlas sarcásticas, las observaciones irónicas, los comentarios ingeniosos, los besos, las horas hablando de música, las sonrisas inacabables... Todo, absolutamente todo de él me hace falta.

También añoro mucho a Palmera. Es la persona más estúpidamente alegre y feliz que he conocido jamás. No creas, yo antes era muy, muy alegre. Supongo que las circunstancias te azotan golpes que te curten, y yo tengo una coraza bastante resistente. Puedo hablar de todo con ella, y decir cualquier idiotez. Simplemente es amistad, en el estado más puro que conozco, como este aire.

Voy a darme un voltio, ya informaré.

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