lunes, 12 de noviembre de 2012

Lunes, 12 de noviembre del 2012

Vuelvo a estar enferma. Vómito, mareo, dolor de barriga, náuseas... Estoy para el arrastre. Me cuesta una barbaridad ponerme de pie y andar. De hecho, es casi milagroso que escriba esto sin desmayarme. Quería quedarme en el instituto hasta la clase de matemáticas, pero se ve que tenía la cara y los labios blancos y no dejaba de encontrarme peor y peor, así que Erizo me ha acompañado a llamar a casa. Tengo que agradecerle que me siga queriendo después de haberme visto con esa cara que llevaba... También quiero que Zambomba y Buda sepan que me ha alegrado un poco que desearan mi recuperación.

El caso es que me he pasado el resto de la mañana intentando dormir, y un par de veces lo he conseguido. Después, se ve que le he contagiado a mi madre lo que sea que tengo, porque ella está igual que yo, pero un poco mejor (sin fiebre, sin vomitar). He intentado comer un plato de sopa y no he podido. Entonces hemos ido al médico, hemos estado una hora en la sala de espera, nos han examinado (en teoría es como una gastroenteritis) y hemos vuelto a casa. He querido beberme un vaso de zumo, para tener algo en el estómago y porque estaba indicado que debería tomar. Resultado: nada más dar el último sorbo, he tenido que ir corriendo al baño para devolver de la forma más violenta que recuerde. Entonces me he duchado (creo que ha sido el rato que más aliviada me he sentido en todo el día) y un rato después me he conectado a esa cosa tan beneficiosa llamada Internet.

Entonces, le he pedido los deberes a El Héroe y más o menos le he descrito mi enfermedad/virus/loquesea... Y ha pasado por mi casa a darme los medicamentos que él tomaba porque va y resulta que tenemos algo bastante similar.

Mhm, interesting.

¿A que es majo? Este gesto también me ha levantado un poco mi maltrecho ánimo, aunque me sentía como la típica abuelita con bastón de una peli americana a la cual tienen que llevarle su medicina a la puerta porque está imposibilitada, o algo. Pues eso, El Héroe, cuando leas esto, que sepas que te doy las gracias profundamente.

Mañana intentaré ir a clase aunque sea a mates.

Voy a ponerme el termómetro por enésima vez.

Llevo más de media hora mordisqueando la misma galleta, así que imagina qué inapetencia tengo.

Por Amelia Earhart, que alguien me dispare por clemencia...

38ºC. Mi temperatura corporal habitual ya es baja de por sí como para que ahora tenga tanta fiebre. Pues nada, adiós, clase de matemáticas. No me apetecías mucho, pero debía asistir por mi bien (aunque de todos modos me suene a ucraniano el tema que estamos tratando, como los demás).

Estar encerrada en casa es una mierda. Odio estar enferma, de verdad. Por ejemplo, hoy hacía un día azul, soleado y sin ninguna nube, y lo he desperdiciado tirada en la cama intentando conciliar el sueño.

También me duele la espalda.

Lo siento por Pastelillo, porque no la acompañaré en las clases de mañana, pero lo siento más por mí y por no ver a Erizo porque quisiera estar con él todo el tiempo. Puede ser egoísta, pero el amor también conlleva un pelín de egolatría.

En serio, qué galleta más eterna. Espero no vomitarla.

Que alguien haga que cese este malestar...

¡Ah, se me ha olvidado decir que la BUHARDILLA de GIRASOL es INCREÍBLE! Lo juro. Tiene un techo de esos inclinados con vigas de madera oscura, y es como un despacho con su tele y su sofá y todo... Guau.

Vale, he perdido la galleta. La tenía aquí al lado, en la mesa de café, y, de repente, se ha esfumado. Ni siquiera me he levantado, llevo casi toda la tarde apalancada en el sofá. Hay dos alternativas: o me la he comido, o me la ha robado Gilda. Me decanto por la segunda... Bueno, pues espero que se la coma pronto, para hacer ver que no me he dado cuenta y no meterle la bronca.

Teléfono, mis abuelos.

POR DIOS, SÓLO PIDO UN TIRO EN LA SIEN, ES RÁPIDO Y EFICAZ.

Luz de emergencia (esto lo entenderá Pastelillo), por favor, haz que pare, que no puedo más, y eso que me acabo de tomar un nauseabundo Ibuprofeno...

Genial, está compareciendo mi vieja conocida migraña.

¿En serio? ¿Quién me está haciendo vudú, quién quiere que sufra?

No sé si voy a cenar o qué. Yo no quiero, pero es lo que debería hacer.

Y mañana, ¿qué? Todo el día para aburrirme, estar dolorida y hecha puré... Además, tengo inglés, y no está demasiado bien el hecho de que me pierda una de las prácticas de examen.

Se trata de un complot, fijo.

Dormir es lo único que puedo hacer para estar algo mejor, y me cuesta muchísimo, me despierto entre horribles arcadas y mareos, y tengo la cara más blanca y las manos heladas, y no es lo normal en mí, así que es más bien un bucle infinito de enfermedad.

Comer o no comer, esa es la cuestión. El Héroe me lo ha recomendado, pero no creo que me pueda tragar ni una sola migaja de pan sin ser rápidamente expulsada.

Estar así es una mierda, de verdad. No se lo deseo a nadie.

Y, ahora, voy a seguir quejándome y poniendo cara de moribunda y dramatizando, aunque, en realidad, lo que exteriorizo se acerca mucho a lo que noto.

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