Diciembre: Harta de las miraditas crueles y soberbias y las evasivas y las culpas y recriminaciones, cojo la libreta después de comer y empiezo a retratarme como un personaje malvado, como todos dicen que soy. Empieza a divertirme la idea de tener esta visión "maligna" y publicar mis pensamientos, así que sigo en adelante con las entradas.
Enero: Continúa mi vida, con el colegio y mis vaivenes.
Febrero: Chismosa se lleva un disgusto con Caimán. Yo, mientras tanto, me entero de que El Héroe va pregonando por ahí su más sincera opinión sobre servidora y Erizo. Decido mandarle a la mierda con mucho gusto y me explayo tal cual me vienen las ideas a la mente. Le grito al mundo.
Marzo: Trabajos, exámenes, pequeños enfrentamientos con la gente que me rodea. Al fin llega Semana Santa y puedo relajarme,
Abril: Se cumple medio año desde El Problema con El Héroe. Sin soluciones, sin avances. Yo ya estoy cansada de pensar y preocuparme, y trato de ignorarlo todo.
Mayo: Mi segundo aniversario con Erizo, un día tan cálido y tierno... Gilda llega a casa, con sus orejillas y sus ojitos azules...
Junio: Quiero dejarlo todo, absolutamente todo, y desaparecer. Digamos que fue como una premonición de mis días de depresión posteriores. Palmera y Erizo me componen una canción para levantarme los ánimos (ah, amigos, menos mal que al menos tengo dos, y los mejores). Me voy al pueblo, de boda, y luego, a Francia con el colegio. Descubro esa conversación con El Héroe que me hace creer adivina, y me río unos cuantos días por lo ingenua y gafe que soy. Erizo se va de vacaciones, y yo quiero esfumarme.
Julio: Chismosa se lleva el gran chasco con Caimán (o I. M. C., como lo apodamos entre nosotras por aquellos tiempos). Me quitan los aparatos. Tengo que ir a tenis con ese grupo de idiotas y me quedo a gusto quejándome y poniéndolos en su sitio. Quedo con Zambomba, Comadreja, Palmera, Trapecista y Chismosa (Trencita estaba de vacaciones). Llega Erizo de vacaciones y me olvido de echarle de menos hasta el año siguiente. El Héroe vuelve a personarse en el mundo de Morfeo. Me pregunto por qué se infiltra (llegué a la conclusión de que mi cerebro me da lo que no puedo tener y necesito).
Agosto: El Héroe sigue en mi subconsciente. Quiero golpearme la cabeza para olvidarlo (¿no habíamos quedado que podía irse a tomar viento?). Me voy de vacaciones. Entro en un bucle obsesivo-depresivo pensando en qué, cómo y por qué habré hecho lo que sea mal con El Héroe. Sólo quiero dejar de quebrarme la cabeza. No encuentro la manera.
Septiembre: Empiezo cuarto de ESO con un panorama un poco decepcionante (la clase, el aula, mis compañeros, mi malestar general). Mi cumpleaños (y mi enfado de medidas estratosféricas ante la no-felicitación de El Héroe). Intento comportarme bien con la gente y no me sale muy bien. Me siento mal, cada vez peor.
Octubre: Empiezo a hablar con El Héroe vía Facebook, pero en vistas de que en la realidad no nos dirigimos ni media palabra, me hundo un poquíiiiito más en el hoyo que la gente me ayuda a excavar. Apenas vislumbro un rayo de esperanza, que rápidamente queda oculto. Sigo fatal.
Noviembre: Quiero dejar de existir y el llanto contenido es mi día a día. El Héroe me dice que lee el blog, quiero que se abra la tierra y sepultarme. Se cumple un año. Me pongo mala (después de estar bien durante unos tres años, con algún que otro resfriado. Quizás fue un cóctel, mezclado con mi tristeza). Sigo fingiendo que estoy bien. Exámenes trimestrales. Me creo imbécil y completamente inútil, e incluso llego a pensar en cómo sería todo si yo no estuviera aquí.
Diciembre (de nuevo): Aquí estamos. Estoy tan ahogada que me moriría. Finalmente, lo suelto todo, y lloro a gritos, y explico toooooooooodo lo que me pasa, lo que me preocupa, lo que hace que me sienta tan herida. Decido tomarme las cosas de otro modo e intentar ser feliz y, de momento, me va bien. Y hoy es el aniversario del blog.
Así que, al fin y al cabo, nada ha cambiado demasiado. Me refiero a que la situación general sigue, más o menos, igual. Lo único que varía es que quiero tomarme las cosas con otra perspectiva, mejor, y ser más feliz. A fin de cuentas, de nada me ha servido el pesimismo, ya que seguimos igual. Así que sonrío (esta vez de verdad, sin falsedad y sin esconder nada), aunque El Héroe no me hable, aunque me encuentre mal, aunque tenga un mal día o un mal examen, aunque discuta con alguien a quien quiero. No me queda otra que seguir adelante, y ya que decido jugar, voy a hacerlo contenta.
Y...
HE APROBADO MATEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEES.
*Inserte aquí su baile de la victoria. Cuanto más ridículo, mejor*
Así que estoy CONTENTÍSIMA.
YEAH. :D

No hay comentarios:
Publicar un comentario