jueves, 28 de febrero de 2013

Jueves, 28 de febrero del 2013

Vale. A mi abuelo le han detectado dos tumores y no se sabe si son operables. Me lo dijo mamá ayer, cuando volvió. Y, aprovechando lo del dolor de garganta, escribí para desahogarme sin que me dijeran que parara de hacerlo, que ya era tarde. No he enseñado lo que salió de la punta del bolígrafo hasta ahora:

<<Nota para el blog: La vida es una mierda. Cada vez que intento y más o menos empiezo a sonreír, vuelvo a hundirme. Y aún me dicen que sea alegre. Tendrán cojones... Nadie puede imaginarse lo duro que es ser yo con quince años. En teoría, la adolescencia es para divertirse, enamorarse, salir por ahí, experimentar y reírte de todo. Pues mi juventud no es así. Es una acumulación de desgracias, aguantar un palo tras otro e intentar seguir, sea como sea, aunque no tengo ganas. Además, la puta noticia coincide con dos de los pocos inconvenientes de la "edad del pavo" convencional: la regla y los exámenes. Y la garganta. Y la conciencia de que es hereditario. Y la rabia, tristeza, impotencia y dolor de no tener nada asegurado. ¿Por qué me pasa a mí todo lo malo? Enfermedades, asignaturas a patadas, problemas conmigo misma y con los demás, frustración al sentirme inútil y verme incapaz de todo, el aburrimiento, todas mis penas, en su mayoría escritas y desechadas... Me gustaría no acercarme a nadie, soy todo infortunios. Ahora mismo, quisiera dejar de hablar con todo el mundo. Total, cada vez que abro la boca es para empeorarlo todo más aún. Y ahora que estoy en esta situación, se acentúa. ¿Quién coño se preocupa por mí y cada día vela por que yo esté bien? No necesito ni una mano para contarlo. Bueno, al fin y al cabo, el pacto de silencio que dije antes no es necesario estando así de sola. ¿Por qué siempre soy yo?>>.

Eso escribí. Ahora estoy hablando con Estruendo y desahogándome. Me calma bastante poder contarle cosas y que me dé su punto de vista. Confío más en él que en la mayoría de gente que conozco, y la verdad es que no sé por qué.

Encima, no dejan de sumarse puntos negativos a esta lista infinita de mierda que llena mi patética y penosa vida, pero no sé si puedo contarlos.

No sé qué hacer. Desde luego, no voy a cortarme ni a vomitar ni a emborracharme, porque no tengo lo que hay que tener para hacerlo. Escribo y cargo las letras con gran parte de mi consciencia, pero no sirve de nada si nadie me ayuda a que mis poemas depresivos se tornen alegres, si nadie me pregunta, si nadie intenta nada, si nadie quiere que este caso perdido que soy yo sonría todo el tiempo, como cuando era pequeña y todo llegaba suavizado y endulzado.

Necesito urgentemente escaparme, explotar, soltárselo todo a alguien que no me juzgue, pero que sepa que es importante y que yo, aunque sea muy, muy poco, también lo soy. Necesito abrir mi mente para una lectura completa, que alguien me comprenda, que alguien me dé la felicidad que no encuentro en mí misma ni en mi existencia. No quiero que nadie se compadezca, sólo quiero abrazos y paciencia y que me entiendan y me hablen y me calmen y hagan que deje de llorar en mi interior y que cuando sonría sea de verdad, no preocuparme tanto por todo, relajarme y poder liberarme y... Y ser feliz, que en realidad no lo he sido desde que tomé conciencia del mundo que me rodea, de que soy una inadaptada, de que nadie jamás podrá estar conmigo completamente porque soy incomprensible.

Y ahora, si has llegado aquí, seguro que ha sido porque te has leído todo esto sin prestar atención alguna, corriendo, o te lo has saltado. Quien sabe, ni siquiera lo lees.

Pues eso es lo que importo. Nada.

Y ojalá no fuera así.


No hay comentarios:

Publicar un comentario