Aunque estoy de exámenes, me voy a relajar. No de la forma de pasar de todo (¡ojalá!), pero sí tomándome las cosas con más tranquilidad. El viernes estaba en casa de Erizo y me dio un bajón o algo, pero me mareé, y vino mamá y me llevó a la farmacia a que me tomaran la tensión. Veredicto del farmacéutico: mi tensión no era normal. La tengo así por estrés o algo. Además, ayer hice un examen de mates y, un par de horas antes de hacerlo, me volví a marear y me sentía muy mal, muy convulsa, muy fuera de mí. Así que he decidido que me relajo. Estudiaré, sí. Y no quiero decepcionar a nadie. Lo que pasa es que entraré a Bachillerato, y para eso con un 5 tengo suficiente, y mi media lo supera con creces. No me excuso para sacar peores notas, sólo quiero decir que si no saco un 9 no me voy a morir, que es mi vida y que no quiero morirme de un ataque de corazón con quince años.
Ayer estuve con Estruendo por la tarde, después de resumir dos temas de castellano (¿ves? estudio). Me invitó a donuts y bebida, aunque después yo le pagué el café y quedamos en paz. Estuvimos hablando de todo y nada (Do you have the time to listen to me whine?), nos pegamos un rato... Llovía, y en la bar había una parejita inmersa en su mundo de amor-ideal-eterno-forever. Precioso. Por suerte, yo estaba de espaldas. El caso es que desconecté de la realidad de los estudios durante tres horas y media y estuve a gusto y relajada (de aquí viene mi filosofía recién estrenada). Tiene la capacidad de hacer que con media frase sonría. Es una de las personas más agradables que he conocido en toda mi vida.
Mañana tengo examen teórico de cuatro temas de castellano, así que creo que voy a repasar un poco más.
Firma La Mala, la relajada.
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